Kaia
Todo el encanto anterior fue roto. El fuego que ardía en mi pecho se convirtió en puro hielo, y la alegría que me hacía sentir en las nubes desapareció. Choqué con la realidad.
Y el golpe fue tosco y doloroso.
—Buenas noches, Nevan —musité con bajo ánimo cuando el silencio se tornó insoportable entre nosotros.
—Kaia, no es lo que piensas. Yo... —titubeó, y eso solo me hizo enojar.
¿Qué era lo que quería de mí?
Yo era ingenua y quizás un poco torpe, pero tampoco tomaría tan poco y me haría