Zebela
La desesperación se manifestó en forma de lágrimas pesadas. Quería gritar, suplicar y hasta amenazarlo, pero temía que mis palabras lo incitaran a hacerle más daño a mi compañero. ¿Qué podía hacer? Su existencia pendía de un hilo y de una decisión. Y yo quería escoger la correcta. Prefería estar en su lugar, morir yo en vez de él.
—Ro-Roan... —tartamudeé—. Negociemos... —Fue lo único que se me ocurrió.
—Entonces, será más fácil de lo que esperaba —respondió con una sonrisa triunfal, como