Los días siguientes fueron un torbellino de emociones contenidas. Después de la discusión explosiva y la escena íntima en la camilla —el orgasmo de Fernando en la mano de Valeria, los gemidos ahogados, el sabor salado en sus dedos—, ambos acordaron tácitamente mantener las distancias físicas durante las sesiones. No más besos. No más toques que no fueran estrictamente terapéuticos. La amenaza de la familia colgaba sobre ellos como una espada.
Pero la química no desaparecía. Al contrario: cada mi