La noticia del cheque y la amenaza de Elena cayó sobre Valeria como un mazazo, pero fue Fernando quien explotó primero. Después del beso desesperado en la sala de rehabilitación —sus labios devorándola con una urgencia que la dejó temblando, las manos de él subiendo por su espalda hasta enredarse en su pelo—, él maniobró la silla con furia hacia el despacho de su madre. Valeria lo siguió, el corazón en un puño, sabiendo que esto solo empeoraría las cosas.
Elena levantó la vista cuando irrumpiero