El aire en mi interior seguía siendo un torbellino. Apenas había salido del horror de la subasta y del caos del escape, y ahora estaba siendo conducida por un hombre que me era ajeno, pero que, por alguna razón que no podía explicar, me hacía sentir… ¿Familiaridad? Fyodor no era cálido, ni amable, pero tenía esa forma de estar, de moverse, de callar… que me recordaba con una punzada dolorosa a él.
A Gabriele.
No quise pensar en eso. Solo sentir su nombre en mi mente me hacía temblar por dentro,