Dormir. Solo eso quería. Dejar de pensar, de temblar, de imaginar el peor escenario posible. Pero antes… antes necesitaba quitarme esa piel que no era mía.
La ropa que me habían puesto para exhibirme en la subasta seguía pegada a mi cuerpo como un insulto. Cada encaje, cada transparencia, cada nudo en los lazos de esa prenda maldita me recordaban lo que había pasado, lo que había sentido. La humillación, la impotencia, la rabia. No podía soportarlo un minuto más.
Fui al baño sin encender todas