El día de la gala llegó más rápido de lo que imaginé. Amanecí temprano, como si el cuerpo supiera que esta jornada no sería una más. No pude volver a dormirme. Me quedé un largo rato en la cama, mirando el techo, escuchando el silencio de la casa. Un silencio tenso, contenido, como si todo el entorno también estuviera aguantando la respiración.
Gabriele no salió ese día. Prefirió trabajar desde el despacho, aunque desde que se levantó, estuvo ocupado con llamadas, reuniones por videoconferencia