El jet privado despegó suavemente desde el aeropuerto de Milán, dejando atrás la ciudad vibrante y elegante que me había devorado y deslumbrado por completo. Me recosté en uno de los asientos de cuero blanco con una sonrisa tan amplia que me dolía la cara de tanto reír.
Frente a mí, y a un costado, estaban todas las bolsas. Docenas. De las firmas más exclusivas de la ciudad: Valentino, Armani, Dolce & Gabbana, incluso un par de piezas de Alta Costura que Gabriele insistió en llevar "por si acas