Los días empezaron a tomar una forma extraña, como si el ritmo natural de la casa hubiera cambiado de golpe. Al principio no quise darle demasiada importancia. Pensé que tal vez estaba exagerando, que era solo mi mente buscando problemas donde no los había. Pero era imposible no notarlo.
Gabriele estaba... distinto.
No en el sentido físico, no en cómo me hablaba o en su trato conmigo. Aún me abrazaba por las noches, aún me dejaba besos fugaces en la frente o en la nuca cuando pensaba que yo no