A veces pienso que el error más grande de mi vida fue no haber acabado con él cuando tuve la oportunidad.
Don Antonio De Luca.
Mi padre.
Un hombre que ha sobrevivido a guerras, traiciones, intentos de asesinato, y a sus propios pecados. Un hombre al que muchos respetan, pero que yo… simplemente temo y detesto a partes iguales.
Después de aquella conversación en la que dejé claro, sin rodeos, que estaba con Ludovica, que no era un capricho pasajero ni una distracción, lo supe. Lo vi en sus ojos.