Poco a poco volvía a ser el mismo, o al menos lo intentaba. Porque, en realidad, ¿quién vuelve a ser exactamente igual después de sufrir tanto? Las cicatrices no solo se llevan en la piel, también en la mirada, en la forma de hablar y hasta en la manera de respirar.
Ese día se vistió con esmero. Eligió su mejor traje, el que parecía hecho a la medida de su renacer, y tomó el maletín como si en él cargara no solo documentos, sino un nuevo rumbo. Subió al jet privado con paso firme, aunque por de