Aquella mujer rompió la calma del hospital y reunió a tres especialistas en la misma sala.
El sonido de los tacones sobre el mármol se mezcló con el eco metálico de la camilla, empujada con fuerza por dos enfermeros. La sangre manchaba el suelo en un rastro irregular. En el pecho de la mujer sobresalía una rama gruesa, de corte irregular, que parecía haberse incrustado con violencia. Su respiración era corta, temblorosa, el aire entraba y salía en jadeos entrecortados.
Vida bajó las escaleras