Dormía plácidamente, hasta que sintió dentro de sí algo que desconocía.
Abrió los ojos lentamente, con esa mezcla de cansancio y asombro que solo las madres muy cerca del nacimiento conocen. Su vientre se alzaba grande, firme, palpitante. Bajo su piel, la vida se movía como una luz contenida, una energía cálida que a veces parecía tener voluntad propia.
Se incorporó despacio, dejando que los pies descalzos tocaran el suelo de mármol. La brisa nocturna se filtró por la ventana, trayendo el olor