La noche se había vuelto inquieta.
No era una de esas noches que invitan al descanso, sino una que parecía contener algo vivo, respirando entre los muros. El viento se colaba por las grietas del ventanal, trayendo un rumor antiguo, casi imperceptible, como un suspiro que llevaba siglos esperando ser escuchado.
Kaelion abrió los ojos. No sabía por qué. Solo sabía que algo lo había despertado.
Se incorporó lentamente, sintiendo el peso del cansancio en los hombros. Afuera, la luna llena bañaba e