Por la mañana, la bruja lamentó no poder acompañarlas. Les explicó, con voz quebrada pero serena, que la magia del bosque estaba inestable: los portales no podían abrirse más allá de sus límites sin correr el riesgo de romper el flujo natural y poner en peligro a quienes cruzaran. Aun así, les transmitió una calma envolvente —una especie de manto tibio que las recogió— y les prometió que pronto volverían a verse; que, antes del parto, los pasos mágicos estarían listos. Vida no lo dijo en voz al