El miércoles amaneció distinto. El primer rayo de sol atravesó las cortinas como una daga dorada, iluminando la piel de Vida. Abrió los ojos y supo que no era un día cualquiera: era el día en que todo cambiaría. Su corazón palpitaba con una mezcla extraña: ansiedad, felicidad contenida y, en lo más profundo, un dolor punzante por Silas. Porque si bien estaba a punto de cobrar venganza, ninguna victoria le devolvería al hombre que había amado.
Se levantó con calma, casi ceremoniosa, como si sabo