En su cama, la misma que un día había compartido con Silas, los recuerdos la golpeaban sin piedad. Hacía apenas unos meses, su vida había parecido luminosa: pasaba el tiempo con Kaelion en una calma superficial y, al mismo tiempo, se sumergía en la profundidad de Silas, hasta que finalmente eligió quedarse solo con él, renunciando al alfa. Todo había sido hermoso… hasta que lo vio morir entre sus brazos. Esa imagen la perseguía como una herida abierta que no cicatrizaba.
Con pesadez se levantó.