Con un movimiento firme, arrancó el vestido y lo dejó caer al suelo. Debajo llevaba un traje elástico que abrazaba su cuerpo y le daba libertad de movimiento. Acto seguido, se quitó el amuleto que ocultaba su esencia, y de inmediato el aire se cargó con su aura. La energía oscura la envolvió, dejando al descubierto lo que era en realidad: una demonio. El odio del desterrado hacia ella se multiplicó al verla así, porque nada despreciaba más que a los demonios.
—Ni siendo demonio te salvarás —esc