La farsa dio sus frutos con una rapidez que casi resultó aterradora. Mi sumisión fingida no era solo creíble; era un bálsamo para la obsesión de Marko. Él no solo quería un cuerpo cautivo; anhelaba la validación de mi voluntad. Y se la estaba dando.
Una semana después de que inicié mi transformación en la esposa dócil, durante la cena, soltó la recompensa.
"Tu progreso ha sido notable, Alma," dijo, dejando su copa de vino. "Creo que es momento de un pequeño cambio de escenario. Este departamento es confortable, pero incluso las aves de corral necesitan pisar la tierra de vez en cuando."
Mi corazón se aceleró, pero mantuve la expresión serena, solo un leve interés educado en mis ojos.
"Hay un jardín privado en la base del edificio. Discreto, seguro." Su sonrisa era amplia, pero sus ojos no perdían detalle de mi reacción. "Mañana por la tarde, podrás bajar. Por supuesto, con la compañía adecuada."
"Un jardín…" repetí, como si la palabra fuera un regalo exótico y no una migaja de liberta