El traqueteo de la furgoneta se convertía en el latido de un nuevo y aterrador mundo. La sedación que circulaba por mis venas era una niebla espesa, envolviendo los bordes más afilados del pánico, pero nublando también mis sentidos. Yacía en el frío piso de metal, mi mejilla presionada contra la superficie áspera, cada bache del camino resonando en mis huesos. El olor a aceite y goma de neumático se mezclaba con un tenue aroma a limpiador industrial, un intento fallido de enmascarar la esencia