La voz de mi padre se apagó, pero el eco quedó flotando en la habitación, un veneno familiar que goteaba en el silencio. "Ahora sí, hablemos como gente grande." Las palabras, tan suyas, eran un guante arrojado directamente a mi cara. No una amenaza de las que te hacen encogerte, sino de las que te obligan a enderezarte. Las que dicen: "El juego de niños se acabó".
Roxana desconectó el pendrive de un tirón seco, como si le hubiera mordido. El plástico negro desapareció dentro de una bolsa de evi