Acerco el ojo al visor y noto un punto negro minúsculo en el marco: cabeza de alfiler. Lo fotografío sin flash. Escribo al chat seguro: “Código quemado. No abro.”.
La puerta sigue muda. Respiro por la nariz para que el corazón no haga ruido. Hago el conteo que me enseñó Claudia. Sirve lo justo para que las manos no tiemblen cuando tomo el sobre. No lo abro; lo encapsulo en una bolsa con cierre, anoto hora y firmo con mis iniciales. La tinta se seca mientras el pasillo espera.
En el chat, Roxana