El mensaje llegó sin saludo ni despedida, como si las palabras también corrieran:
Tomás: “No por acá. Me siguieron anoche. Bodega sin cámaras, pasillo de servicios, ala antigua. No uses el ascensor principal.”
Se me apretó el estómago y, al mismo tiempo, algo se afiló por dentro. Compartí ubicación con Claudia y le dejé un audio: “Voy a ver a Tomás donde no hay cámaras. Si no te escribo a las diez, llámame.” Contestó con un pulgar y lo de siempre: no vayas sola.
Guardé el teléfono, metí la cred