El lunes parto la semana mirando el correo con el número de ticket de la Subdirección de Procesos. Llega como una promesa mínima: "Recibido. Plazo estimado de pronunciamiento: 5–7 días hábiles". Cinco a siete días que, en la lógica del hospital, pueden convertirse en un mes. Guardo el mensaje, cierro los ojos un instante y me repito: pido la reapertura del caso de Arturo; sin pruebas, solo con el deber de que alguien —cualquiera— mire de nuevo. Nada más y nada menos.
En el SGD, el estado es sie