Isabella se vestía con una calma meticulosa. Cada prenda, cada botón, era una decisión. No por vanidad, sino por dominio. En su mundo, la imagen era una armadura. Y esa mañana, necesitaba estar blindada.
Tenía una reunión con uno de los aliados de Dante: Marco Tersigni, un hombre frío, calculador, cuya fidelidad pendía de intereses más que de principios. A Isabella no le agradaba. Pero eso no importaba. Iba a enfrentarlo igual.
La reunión fue en el salón azul, ese espacio destinado a los tratos