Mundo ficciónIniciar sesiónLa mansión en Sicilia había amanecido silenciosa.
Demasiado silenciosa.Las sombras se proyectaban largas sobre el mármol blanco. El viento mecía los rosales con una suavidad engañosa, como si el aire aún no supiera lo que iba a ocurrir. Lara se asomó por la ventana de la biblioteca con una taza de té en las manos temblorosas. Ya no era la misma joven ingenua que llegó allí por mandato, ni la mujer rota que Dante dejó atrás.Era otra.Algo había despertado en el






