El sonido de gritos y disparos retumba al otro lado de la pared, como un tambor de guerra que golpea directamente en el pecho. Sé que es él. Lo sé con cada fibra de mi cuerpo. Nikolay está aquí.
No puedo esperar más.
Miro la puerta. El guardia que estaba custodiándome ha ido a reforzar el perímetro. Solo queda uno, cerca de la entrada. Puedo oír sus pasos, nerviosos, arrastrando una cadena por el suelo.
Me muevo en silencio. Cada músculo de mi cuerpo arde, pero también me empuja hacia adelante.