La luz de la mañana se cuela a través de las cortinas, tibia y dorada, acariciando mi piel con esa delicadeza que solo los días tranquilos parecen tener. Me estiro en la cama con una sonrisa suave, aún sintiendo el calor del recuerdo de la noche anterior. La canción, el beso, sus palabras. Todo pesa en mi pecho como algo valioso, como un secreto que no quiero soltar.
Cuando bajo al comedor, Nikolay ya no está. Lara me dice que ha salido temprano a una reunión urgente, pero que dejó dicho que vo