El aire de la tarde es fresco, cargado de ese silencio que se instala cuando dos personas caminan lado a lado sin saber bien cómo seguir. Dejamos atrás la cafetería sin prisa, como si ninguno de los dos quisiera volver a la casa. Hay una tensión que no es hostil, pero tampoco cómoda. Es simplemente nuestra. Algo que existe solo cuando estamos juntos.
Caminamos por un sendero de grava que rodea el parque, con los árboles cubiertos de hojas verdes. Nikolay lleva las manos en los bolsillos y la mi