Ya ha pasado una semana desde que terminé mi condena como sombra de Nikolay. Me hizo acompañarlo a todas sus reuniones, comidas de negocios, visitas al club, inspecciones a lugares que jamás pensé pisar. No me dejó sola ni un minuto. Pero no fue eso lo que más me desgastó, sino su constante calma. Su entereza. Su frialdad impenetrable. Como si nada de lo que yo hiciera pudiera siquiera rozarlo.
Intenté todo. Comentarios provocadores, sonrisas desafiantes, silencio y miradas cargadas. Él solo re