Me separé de él con el corazón golpeando mi pecho como si quisiera escapar. Sus dedos seguían enredados en mi cabello, pero ya no me sujetaban, solo descansaban allí, tibios y peligrosos.
—No eres un objeto, Bianca. Eres mi problema favorito.
Esa frase... maldita sea, esa frase me atravesó como un cuchillo. No supe si quería reír o llorar. Lo miré, sin moverme, intentando encontrar en su rostro algo que me dijera que no estaba sola en esta locura. Algo que no fueran palabras bien elegidas o mir