Habían pasado dos semanas desde la noche de la fiesta. Dos semanas de búsquedas sin descanso, de noches sin dormir y de un silencio que se había vuelto insoportable dentro del castillo.
Kael no recordaba haber sentido tanta impotencia desde la guerra. Cada rincón, cada pasillo, cada sombra le recordaba que ella no estaba. Y aunque el resto trataba de seguir con sus rutinas, nadie se atrevía a mencionar su nombre. Era como si hablar de Sareth r detonara una bomba.
La mañana comenzó como las ante