Recuerdos Enterrados.
La calle abandonada olía a humedad y polvo viejo. El agua de la lluvia se filtraba por todas partes, formando charcos oscuros en el piso de cemento. Isela se dejó caer sobre una caja rota, respirando entrecortado. Sus manos estaban heladas y le costaba sentirlas. Livia, a su lado, mantenía el cuchillo en alto, el pulso tembloroso pero la mirada firme. Damian las seguía de cerca, había aparecido como niebla en un día de lluvia.
El silencio era espeso, cortado solo por el goteo constante. Isela s