Leo.
La lluvia tenía la virtud de borrar los contornos. Bajo la cortina gris del aguacero, todo parecía más cercano de lo que era: las sombras se pegaban a las paredes, los sonidos se alargaban como hilos. Damian puso el sobre sobre las rodillas de Isela y señaló una de las hojas con la punta de la uña, hablando despacio para que las palabras no se rompieran.
—Mira aquí —dijo—. No son sólo símbolos. Son anclas. Cada uno te devuelve una sensación, una imagen suelta de algo que viviste y que te arranc