Por Esta Vez.
Isela guardó el celular con las manos temblorosas. El mensaje anónimo seguía iluminando su mente, como un eco que no se apagaba: “No camines sola de noche.”
Se obligó a meterlo en el bolsillo del pantalón y respiró hondo, intentando convencerse de que solo era una broma pesada. Pero no parecía una broma. No cuando las palabras parecían haber sido escritas justo en el momento en que ella pasaba sola por el campus.
El cielo estaba teñido de naranja y violeta; nubes finas se extendían como vetas s