Dudas y Más Dudas.
Isela salió del pasillo con las manos todavía heladas, como si el contacto con la voz grave de Damian le hubiera dejado una corriente en la piel. Caminó casi sin mirar, tratando de volver a su rutina, pero el corazón le latía tan fuerte que sentía que cualquiera podría oírlo.
Cuando llegó al patio central, vio a Livia y Selena esperándola junto a una mesa. Livia agitaba la mano con su típica energía, mientras Selena estaba de pie, seria, con los brazos cruzados.
— ¡Por fin! —exclamó Livia apena