La Noche del Fracaso.
El vidrio seguía en su mano.
Leo lo miraba como si fuera un animal muerto pegado a sus dedos. Un pedazo de pantalla rota, con el borde irregular que había cortado su palma. Estaba manchado de su sangre. No le dolía; no sentía casi nada. El dolor había quedado aplastado debajo de esa otra sensación que se arrastraba como una bestia dentro de su pecho.
Fracaso.
La palabra se repetía una y otra vez, martillando su mente como un error imposible de eliminar.
Había cruzado todo el pasillo del complej