El Encuentro.
La ciudad era un laberinto de luces moribundas. La noche había caído hacía rato, pero ese tipo de oscuridad no ofrecía descanso; era una capa espesa, sucia, cargada de vibraciones eléctricas, como si los postes parpadearan al ritmo de un corazón enfermo.
Damian avanzaba entre callejones, con el cuerpo tenso y la mandíbula apretada. Sentía el tirón en su mente como un cable que Leo sujetaba, jalando de tanto en tanto, probando su control. No completamente, no del todo. Un porcentaje. Un maldito d