Ecos.
El cielo se despejaba poco a poco y las calles aún estaban húmedas, brillando bajo los últimos reflejos del sol. Desde su ventana, Isela podía ver cómo la ciudad recuperaba su ritmo, como si nada hubiera pasado los días anteriores.
Nada, excepto lo que todavía temblaba dentro de ella.
Se obligó a sentarse frente al escritorio. Tenía libros abiertos, resaltadores desperdigados y un cuaderno lleno de apuntes de teoría del periodismo, pero las palabras se deslizaban sin quedarse en su mente. Intent