Conflictos Familiares.
El domingo amaneció gris y húmedo, con un olor metálico en el aire que anunciaba lluvia. El departamento de Isela olía a café y papel: apuntes esparcidos sobre la mesa, resaltadores, una vela encendida en un rincón para intentar crear calma. Era un escenario de estudio, pero su mente estaba en otra parte: en la noche del viernes, en la sombra de Damian junto a su ventana, en ese beso que no dejaba de repetir en su cabeza.
El timbre sonó poco antes del mediodía, sacándola de golpe de sus pensami