El tercer día de negociaciones comenzó sin ceremonia, como suelen hacerlo los acontecimientos que cambian el curso de una guerra. El cielo estaba cubierto por una bóveda de nubes bajas, grises, y el viento arrastraba partículas de polvo fino que se adherían a la piel como una advertencia persistente.
Ainge llegó al punto de encuentro acompañada solo por dos guardias. El Capitán Varen había insistido en reforzar la escolta, pero ella se negó. Kael había dejado claro que cualquier exceso sería le