La noche cayó sobre el Valle de las Cicatrices como un presagio mal interpretado. No hubo estrellas. El cielo estaba cubierto por una masa espesa, oscura, que no parecía nube sino herida. El viento se detuvo de forma antinatural, y ese silencio absoluto fue lo primero que inquietó a Kael.
En Skarn, el silencio no era paz. Era amenaza.
Kael estaba despierto cuando ocurrió.
Vidar, inquieto, removía las alas en lo alto de la colina. El dragón no rugía. No bufaba. Observaba el horizonte con una ate