96. El método se vende en blanco
La capital anunció la licitación un martes a la mañana, con una gacetilla pulcra y palabras que no se manchan. “Modernización urgente”, decía el título, como si la urgencia fuera un valor técnico y no una excusa. Lara leyó dos veces el comunicado, apoyada en la mesa de la cocina del maestro, con el café enfriándose entre las manos.
—Van a cambiar etiquetas —dijo al fin—. Mismo método, otro logo.
Nadie la contradijo. El silencio fue ese tipo de acuerdo que no necesita firma.
—Si compran otro método, perdimos por cansancio —agregó—. No por verdad. Por desgaste.
Me picó una risa seca, sin alegría.
—Entonces hagamos lo que cansan ellos —propuse—. Repetir. Decir lo mismo muchas veces. Hasta que se les haga caro ignorarlo.
No era una consigna épica. Era una estrategia de resistencia: insistir donde el poder espera olvido.
Nos plantamos en la puerta del ministerio a media mañana. No éramos multitud, todavía, pero sí éramos claros. Carteles bien prolijos, letra grande, sin ironías inte