93. Cartografias
Pasamos la noche en una escuela nueva. La vieja nos dolía. No lo dijimos en voz alta, pero nadie propuso volver. Esta tenía aulas recién pintadas, olor a tiza fresca y bancos que todavía no sabían de balas ni de miedo. Dormimos poco y mal, repartidos entre colchonetas y mantas prestadas, con el perro yendo y viniendo como si hiciera guardia. A mí me costó cerrar los ojos. Cada vez que lo lograba, veía la escalera de aire y el cuaderno de mi madre abierto sobre la mesa.
Al amanecer, lo converti