67. Casa adentro
No fui a ninguna oficina. Fui a su casa. Los tipos así siempre tienen casas que parecen hoteles, templos fríos donde nada está fuera de lugar y donde todo está diseñado para intimidar sin esfuerzo. Lara me había pasado la dirección escrita a mano, con el pulso quebrado de una mujer que quiere pagar de a poquito sus cuentas con la vida. Esa letra cargaba más culpa que tinta.
El edificio ya desde afuera decía “usted no vive acá”. No hacía falta un guardia armado ni un letrero. Era una sentencia v