68. Calma de cuchillo

Esa noche el maestro nos prestó su dormitorio y él insistió en dormir en el sofá, aunque yo protesté un poco. “Los jóvenes necesitan cama,” dijo, con esa mezcla de autoridad y ternura que solo tienen quienes vivieron demasiadas madrugadas salvando a otros. Le creí porque mi cuerpo estaba hecho de nudos: nudos de miedo, de cansancio, de un día que había sido largo como tres vidas. Y sí, necesitaba una cama que no oliera a hospital ni a alarma.

Me metí al baño y cerré la puerta como quien baja u
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