66. Nombres propios
A la mañana siguiente, la luz volvió como quien pide disculpas después de una pelea: tímida, incómoda, intentando no hacer ruido. Entró por las ventanas del hospital con pasos cortos, como si necesitara permiso para existir. El edificio respiró distinto. Las paredes dejaron de parecer un animal acorralado. Afuera, los generadores improvisados ya eran solo testigos.
Lara durmió de un tirón, profundo, como quien por fin baja las armas. El médico repitió palabras que yo no sabía que podían sonar t