65. Encender
Llegamos al hospital como se llega a una ciudad después de un terremoto: sin saber dónde pisar ni qué quedó en pie. El apagón había convertido el edificio en un organismo herido. No ambulancias, no ascensores, no monitores. Solo manos, linternas, baterías, vecinos. El aire estaba cargado de pánico contenido, como si todos respiráramos más lento para no gastar la poca luz que quedaba.
El maestro coordinaba como un director de orquesta sin partitura. Movía los brazos, pedía cosas, redistribuía vo