Dormimos en la sala de espera, si es que a cerrar los ojos rodeados de tubos parpadeantes se le puede llamar dormir. Fue más bien un acuerdo temporal entre el cansancio y la vigilancia: descansar lo mínimo sin entregarle nada al sueño. Vera pasó la madrugada entera editando con unos auriculares enormes, como si necesitara fabricar un escudo de sonido para no quebrarse. El maestro, con la paciencia ritual de los que aprendieron a pensar con las manos, extendió un papel manteca sobre una mesa y e