58. La grieta y el agua
Volvimos al pueblo por la ruta vieja, esa que huele a polvo húmedo y a historias que nadie documenta. El aire entraba por las ventanas bajas del carro y nos daba en la cara como un recordatorio de que todavía podíamos sentir algo que no fuera tensión. En el puente, el canal iba turbio por las lluvias de los últimos días; el agua golpeaba las piedras con una fuerza paciente, como si llevara años ensayando ese sonido.
Me senté en la baranda, dejando que mis piernas colgaran sobre el vacío leve de